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Vencer sordera del espíritu y egoísmos para ayudar al prójimo, pide el Papa Benedicto
VATICANO, 20 Nov. 09 / 09:27 am (ACI)
Al recibir esta mañana a los 400 participantes de la Conferencia Internacional "¡Effatá! La persona sorda en la vida de la Iglesia", el Papa Benedicto XVI resaltó que además de la sordera física, existe también la "sordera del espíritu que levanta barreras cada vez más altas a la voz de Dios y del prójimo", de la cual la humanidad debe curarse para vencer el egoísmo.
En su discurso a los participantes de esta conferencia promovida por el Pontificio Consejo para la Pastoral Sanitaria, Benedicto XVI explicó la razón de la elección del título del mismo que "constituye un paradigma de como actúa el Señor con los sordos". Citó entonces el pasaje del evangelio de Marcos cuando "Jesús se retira con un hombre sordo y mudo y después de haber efectuado algunos gestos simbólicos, levanta los ojos al Cielo y le dice: ¡Effatá!, o sea ‘ábrete’. En ese instante el hombre recuperó el oído, su lengua se soltó y habló correctamente".
"Los gestos de Jesús están llenos de atención amorosa y expresan una compasión profunda por el hombre que tiene enfrente: le manifiesta su interés concreto, lo aparta de la confusión de la multitud, hace que sienta su cercanía y su comprensión mediante gestos de denso significado", dijo el Papa.
Jesús no cura solamente la sordera física, explicó el Santo Padre, Cristo "indica también que hay otra forma de sordera de la que la humanidad debe curarse, de la que tiene que ser salvada: es la sordera del espíritu que levanta barreras cada vez más altas a la voz de Dios y del prójimo, sobre todo al grito de ayuda de los últimos y de los que sufren, y encierra al ser humano en un egoísmo profundo y destructivo".
"Desgraciadamente la experiencia no siempre atestigua gestos de buena acogida, de solidaridad convencida y de comunión calurosa con las personas que no oyen. Las numerosas asociaciones nacidas para tutelar y promover sus derechos evidencian que hay comportamientos latentes caracterizados por los prejuicios y la discriminación".
Pese a ello, indicó Benedicto XVI, "son mucho más grandes las iniciativas promovidas por instituciones y asociaciones, tanto eclesiales como civiles, inspiradas por una solidaridad auténtica y generosa que han mejorado la condición de vida de muchas personas sordas".
"Las primeras escuelas para la instrucción y la formación religiosa de estos hermanos y hermanas nuestros nacieron en Europa ya en el setecientos y desde entonces se han multiplicado en la Iglesia las obras caritativas para ofrecer a las personas sordas no solo formación sino asistencia integral para su plena realización", subrayó.
"Sin embargo, no es posible olvidar la grave situación en que todavía viven en los países en desarrollo, sea por la falta de políticas y legislaciones apropiadas, sea por la dificultad de acceder a los cuidados sanitarios básicos; la sordera es a menudo una consecuencia de enfermedades que se curarían con facilidad".
El Pontífice exhortó luego a "las autoridades políticas y civiles y a los organismos internacionales para que brinden la ayuda necesaria para promover, también en esos países, el debido respeto por la dignidad y los derechos de las personas que no oyen, favoreciendo su plena integración social".
"Queridos hermanos y hermanas de personas sordas no sois solamente destinatarios del anuncio evangélico. Sois también sus anunciadores, merced a vuestro Bautismo. Vivid por lo tanto cada día como testigos del Señor en los ambientes de vuestra existencia, dando a conocer a Cristo y su Evangelio", concluyó el Papa.
Discurso a los participantes en la Conferencia Internacioanal sobre pastoral con las personas sordas. (PDF)
22-11-09
http://www.alfayomega.es/ Revista/2009/664/08_ testimonio.html
Las personas sordas, en la vida de la Iglesia
La fe, desde el silencio.
En el madrileño barrio de Cuatro Caminos se encuentra la parroquia más silenciosa de toda España: Santa María del Silencio. Eso es porque se dedica a prestar servicio pastoral a las personas sordas y sordociegas de la diócesis de Madrid. La Iglesia se preocupa, y mucho, por las personas sordas, como lo demuestra la XXIV Conferencia Internacional sobre las personas sordas en la vida de la Iglesia, que desde hoy, hasta el sábado, se celebra en el Vaticano. El responsable de la parroquia Nuestra Señora del Silencio, de Madrid, el sacerdote don Jaime Gutiérrez, sordo desde los 12 años, explica, en este artículo, cómo viven su fe las personas sordas en España:
El padre Jaime preside la Vigilia Pascual,
en su parroquia.
La parroquia Santa María del Silencio, situada en la calle Bravo Murillo 93, en el madrileño barrio de Cuatro Caminos, fue fundada hace 36 años para la atención pastoral específica que necesitan las personas sordas y sordociegas, debido a las dificultades de integración que encontraban en sus parroquias de origen.
Nuestra parroquia es una parroquia personal, que presta servicio pastoral a unas 15.000 personas sordas repartidas por toda la diócesis de Madrid. No es una parroquia geográfica, por lo que sus límites son tan grandes como toda la diócesis. Esto supone una primera característica importante que la diferencia de otras parroquias, ya que muchas personas sordas viven muy alejadas de la comunidad parroquial, lo que supone mucho tiempo para desplazarse. También los agentes pastorales deben desplazarse por toda la diócesis para poder atender a todas esas personas: visitando enfermos, celebrando funerales, Matrimonios, Bautismos, etc. Esta realidad configura en gran medida el quehacer apostólico de nuestra parroquia, no siendo posible el mismo funcionamiento que una parroquia geográfica.
Las personas sordas, además de no oír, tienen otras muchas dificultades como consecuencia de su sordera a las que intentamos dar respuesta también desde nuestra comunidad. Las principales son las siguientes:
Pobreza cultural. El 90% de las personas sordas son analfabetas funcionales. Sólo una de cada 1.000 llega a la universidad. Ello tiene importantes repercusiones también en la tarea evangelizadora, pues los materiales escritos que se usan habitualmente en la formación cristiana a ellos no les sirven. Por ello, hay que preparar materiales específicos adaptados a su capacidad de comprensión. Al mismo tiempo, tenemos el desafío de ir desarrollando un trabajo de alfabetización para mejorar su capacidad lectora y comprensiva, de manera que la persona sorda se vaya promocionando de manera integral y tenga los recursos necesarios para ser cada día más libre y protagonista de su vida. La promoción cultural de las personas sordas es uno de los grandes retos que debemos afrontar en nuestra acción evangelizadora con este colectivo.
Imagen de Santa María del Silencio.
Pobreza «relacional». Muchas personas sordas viven solas, aisladas, aunque estén entre otras personas. La sordera es una discapacidad que no se ve tanto como la ceguera o la discapacidad física; por ello, la sociedad no está tan concienciada con la problemática de estas personas, pero tiene mayores repercusiones a todos los niveles: psicológico, cultural, retraso de la madurez, retraso mental en ocasiones, etc. Por eso, para muchos, la parroquia es su auténtica casa. Aquí se sienten acogidos, queridos, tienen un lugar de encuentro, de comunicación y de convivencia. La parroquia es su auténtica familia.
Pobreza religiosa. Ésta es una pastoral fundamentalmente misionera, ya que la mayoría de las personas sordas ni en el colegio, ni en su familia, ni en el ambiente cotidiano donde viven han tenido noticia de Dios ni formación cristiana. La mayoría de las personas sordas no se han encontrado nunca con Jesucristo. Esto supone un gran reto misionero, visitando colegios, asociaciones, familias, teniendo un contacto personal con las personas sordas.
Y esto sin hablar de la pobreza material o del nivel de paro y precariedad laboral que, por supuesto, es mucho mayor que en el resto de la población, pues los débiles siempre son los más indefensos y las primeras víctimas de una sociedad organizada y dominada por los más fuertes y poderosos.
En nuestra comunidad, gracias a Dios, ya hay muchas personas entregando su tiempo, su trabajo, sus recursos materiales, sus capacidades, con generosidad, entusiasmo y alegría. Pero son necesarios, sobre todo, más sacerdotes que estén dispuestos a prepararse para poder atender este campo pastoral, pues la mies es mucha y muy dispersa, y los obreros muy pocos.
Jaime Gutiérrez
Sacerdotes sordos
En España hay tan sólo dos sacerdotes sordos: don Agustín Yanes, ya jubilado e iniciador y promotor de la pastoral del sordo en España, y don Jaime Gutiérrez, de 35 años, autor de este artículo.
Existe, además, una Fundación Católica Internacional para el Servicio a las Personas Sordas, que tiene su sede en Estados Unidos e Inglaterra, y una pequeña Congregación religiosa italiana denominada Pequeña misión para los sordomudos. Ambas colaboran con el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. Y todas ellas colaborarán con España, de cara a que se haga posible -y accesible- la participación de personas sordas en la próxima Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011.
21-11-09