Lectura del santo Evangelio según San Mateo (21, 28-32)
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los jefes del pueblo:
- Un hombre tenía dos hijos. Y dijo al mayor: «Hijo,
ve hoy a trabajar en la viña.»
El hijo le contestó:
-«No quiero.» Pero después se arrepintió y fue.
Luego le dijo lo mismo al hijo más pequeño.
Y él le contestó:
-«Voy, padre.» Pero no fue.
Y Jesús preguntó a los sumos sacerdotes y
a los jefes del pueblo qué pensaban ellos.
Y le contestaron:
-El primero hizo lo que le pidió su padre.
Jesús les dijo:
-Os digo de verdad que muchos judíos y las prostitutas están más cerca que vosotros del Reino de Dios. Porque vino Juan a enseñaros el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, muchos judíos y prostitutas lo creyeron. Y vosotros después de ver esto no os arrepentisteis ni creísteis a Juan.
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La lectura que vamos a escuchar hoy cuenta que S. Pablo tiene una duda: por un lado quería morir para estar con Dios pero por otro lado quería vivir, porque daba gloria a Dios ayudando a los demás. Igual que S. Pablo, nosotros damos gloria y alegría, a Dios si ayudamos a los demás y vivimos de acuerdo con el Evangelio. El Evangelio de hoy dice que el dueño de un campo llamaba a trabajadores a horas distintas del día. Ahora, Cristo nos llama a nosotros. Aunque pensemos que ya somos mayores y nuestra vida ya ha pasado… Él nos llama siempre y nos promete un premio: estar unidos a Él en el futuro en el Cielo y ahora ya en nuestra vida en la Tierra. |
Lectura del santo Evangelio según San Mateo (20, 1-16)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece al dueño de un campo que al amanecer fue a contratar trabajadores para su viña. Después de acordar con ellos que les pagaría una moneda cada día de trabajo, los mandó a la viña.
Otra vez fue a media mañana, vio a otros hombres que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: -Id también vosotros a mi viña, y yo os pagaré.
Y los hombres fueron a trabajar.
Otra vez fue a media tarde, e hizo lo mismo. También ya cuando era casi de noche y encontró a otros hombres y les peguntó por qué estaban parados.
Ellos le dijeron: -Nadie nos ha dado trabajo.
El dueño del campo les dijo: -Id también vosotros a mi viña.
Cuando ya era de noche, el dueño dijo al jefe: -Llama a los trabajadores y págales, empezando por los últimos y acabando por los primeros.
Vinieron los hombres que habían empezado a trabajar los últimos y cada uno cobró una moneda.
Cuando llegaron los hombres que habían empezado a trabajar por la mañana, pensaban que cobrarían más, pero ellos también cobraran una moneda cada uno. Entonces protestaron y le dijeron al dueño del campo: -Estos últimos han trabajado sólo una hora y los pagado igual que a nosotros, que hemos trabajado todo el día y con calor.
Y el dueño del campo dijo a uno de ellos: -Amigo, te estoy pagando con justicia, porque acordamos que te pagaría una moneda. Toma tu moneda y vete. A este último quiero pagarle igual que a ti y tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos. No tengas porque yo soy bueno.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
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Bienvenidos, hermanos, a esta Eucaristía del domingo XXIV del tiempo ordinario. Hoy, Jesús nos recuerda un tema muy importante en la vida de todo cristiano: EL PERDÓN.
Dios nos va a juzgar de la misma manera como nosotros juzgamos al prójimo. Si somos misericordiosos, tolerantes, buenos, amables, si sabemos perdonar… Dios hará lo mismo con nosotros. Pidamos al Señor que nos ayude a tener un corazón abierto para escuchar lo que su palabra nos dice. |
Lectura del santo Evangelio según San Mateo (18, 21-35)
En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús:
-Si mi hermano me hace daño, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?
Jesús le contesta:
-No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y Jesús les dijo esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso hacer las cuentas con sus empleados. Al empezar a hacer las cuentas, le presentaron a un trabajador que debía diez mil monedas. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El trabajador, le pedía diciendo:
-Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El rey tuvo lástima del trabajador y le perdonó todo lo que debía y lo dejó marchar. Pero al salir, el mismo trabajador encontró a uno de sus compañeros que le debía cien monedas, y amenazándole le pedía que le pagara.
Y el compañero, le dijo:
-Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.
Pero él no quiso perdonarle, lo denunció y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, quedaron asombrados y fueron a contárselo a su rey. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
-¡Eres un trabajador muy malo! Yo te perdoné lo que me debías porque tu me lo pediste. También tu debías tener compasión de tu compañero, lo mismo que yo tuve compasión de ti.
Y el rey, muy enfadado, lo metió en la cárcel hasta que pagara todo.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si no perdonáis de corazón a vuestro hermano.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo (18, 15-20)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-Si tu hermano peca, regáñalo a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que sean testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si tampoco hace caso a la comunidad, apártalo de la comunidad.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
También os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, mi Padre del cielo se lo dará. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.