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-Bienvenidos a la Eucaristía de hoy, domingo primero de Adviento, en el que celebramos la esperanza de la venida del Señor Dios nuestro, que vendrá pronto a salvarnos, sin que podamos saber cuándo será el día y la hora de su venida.
-Esperando al Señor damos prueba de nuestra fe y de nuestra confianza en Él trabajando para darle a conocer a todas las personas.
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Domingo I de Adviento (B)
Lectura del Santo evangelio según S. Marcos (13, 33-37)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Estad preparados porque no sabéis a qué hora vendrá el Hijo de Dios. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio un trabajo a cada uno de sus criados, encargando al portero que tuviera cuidado.
Tened cuidado también vosotros, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, por la tarde, o a media noche, o de madrugada: puede que venga por sorpresa y os encuentre dormidos.
Y las cosas que os digo a vosotros, se las digo a todos: ¡velad!
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Bienvenidos a la Eucaristía de este último domingo del año de la Iglesia, en el que celebramos también la Fiesta de Cristo, Rey del Universo.
En el Evangelio, vemos cómo nos va a juzgar Jesús cuando nos encontremos con Él.
Y en ese momento solo una cosa será importante:¿Hemos vivido con amor?.
Pidamos a Jesús en esta Eucaristía que Él sea siempre nuestro verdadero rey y que su amor llene nuestros corazones.
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Lectura del santo Evangelio según San Mateo (25, 31-46)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-Cuando venga el Hijo del Hombre con todos los ángeles, Él se sentará en el trono y delante de Él se reunirán todas las naciones.
Y Él separará a unos de otros, igual que un pastor que separa las ovejas de las cabras. Las ovejas las pondrá a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de su derecha:
-Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era extranjero y me recibisteis en vuestra casa, estuve desnudo y me disteis ropa, estaba enfermo o en la cárcel y vinisteis a verme.
Entonces los de la derecha le contestarán: -Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo fuiste extranjero y te recibimos en nuestra casa, cuando estuviste desnudo y te dimos ropa?; ¿cuándo te estuviste enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: -Os aseguro que cada vez que hicisteis esas cosas con uno de éstos mis humildes hermanos, lo hicisteis conmigo. Y entonces dirá a los de su izquierda:
-Apartaos de mí, malditos; id al infierno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, yo era extranjero y no me recibisteis en vuestra casa, estuve desnudo y no me disteis ropa, estaba yo enfermo o en la cárcel y no vinisteis a verme. Entonces también éstos contestarán:
-Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o como extranjero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te ayudamos?
Y el rey les contestará: -Os aseguró que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos. los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo. Y los de la izquierda irán al castigo eterno y los de la derecha a la vida eterna.
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Bienvenidos a la Eucaristía en este domingo, que dedicamos al Señor.
El Evangelio de hoy cuenta que un jefe da unas monedas a sus trabajadores para que hagan negocios y ganen intereses. Con nosotros igual: Dios nos ha dado a cada uno capacidad, y habilidades diferentes para que las usemos y desarrollemos al máximo.
El día en que vuelva el Señor llegará de sorpresa, sin avisos, y tendremos que estar preparados. Por eso, debemos vivir con sencillez, trabajando para ganarnos el pan y progresando como personas e hijos de Dios.
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Lectura del santo Evangelio según San Mateo (25, 14-30)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus trabajadores y los encargo cuidar de sus bienes: a uno le dio cinco monedas de plata; a otro, dos; a otro, una; a cada uno según su capacidad. Luego se marchó.
Mucho tiempo después volvió el señor de aquellos trabajadores y empezó a hacer las cuentas con ellos.
El trabajador que había recibido cinco monedas, le dio otras cinco, diciendo:
-Señor, me diste cinco monedas, y yo he ganado otras cinco.
El señor le dijo:
-Muy bien. Eres un trabajador fiel y cumplidor; por eso te daré un trabajo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el trabajador que había recibido dos monedas, y dijo:
-Señor, me diste dos monedas, y yo he ganado otras dos.
El señor le dijo:
- Muy bien. Eres un trabajador fiel y cumplidor; por eso te daré un trabajo importante; pasa al banquete de tu señor.
Al final, se acercó el trabajador que había recibido una moneda y dijo:
-Señor, sabía que eres exigente, y tuve miedo y escondí bajo tierra la moneda que me diste. Aquí tienes lo tuyo.
El señor le respondió:
-Eres un trabajador vago y perezoso. Sabías que pido más de lo que doy y no llevaste mi dinero al banco para poder tener ahora los intereses.
Y dijo a los otros:
Quitadle la moneda y dádsela al trabajador que tiene diez. Porque a la persona que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero a la persona que no tiene, se le quitará también lo poco que tiene.
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Queridos hermanos, bien venidos al encuentro con Jesús.
Hoy, la lectura del Evangelio nos va a recordar lo importante que es estar en vela, tener preparada nuestra lámpara para recibir al “esposo” por si se retrasa, ser como las doncellas sensatas con el “aceite” suficiente para que no se apaguen nuestras lámparas. Sensata es la persona que escucha la palabra del Señor y la pone en práctica.
La fe, la esperanza, la practica del amor son las cosas que no deben faltar en la vida del cristiano, son como el aceite que debe alimentar la vida de los que quieren seguir a Jesús.
Este “aceite” se consume constantemente y lo tenemos que renovar. Por eso estamos aquí, para pedirle al Señor que nos acompañe en nuestro caminar , que sea él el que alimente nuestras lámparas.
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Lectura del santo Evangelio según San Mateo (25, 1-13)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-El reino de los cielos se parece a diez chicas jóvenes que cogieron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran torpes y cinco eran sensatas. Las torpes cogieron las lámparas pero se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron las lámparas y botellas de aceite. El esposo tardaba, tuvieron sueño y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz que decía: -«¡Ya viene el esposo, id a recibirlo!» las mujeres se despertaron y empezaron a preparar sus lámparas.
Y las torpes dijeron a las sensatas: -«Dadnos un poco de aceite, porque no tenemos y las lámparas se apagan.»
Pero las sensatas contestaron: -«Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a comprar el aceite.»
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las mujeres que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y la puerta se cerró.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: -«Señor, ábrenos.» Pero el esposo respondió: -«No os conozco.» Por eso, estad preparados, porque no sabéis el día ni la hora.
Lectura del Santo Evangelio según S. Mateo (5, 1-12)
En aquel tiempo, al ver Jesús a la gente, subió a la montaña y se sentó. Se acercaron sus discípulos y Él empezó a enseñarles diciendo:
Dichosas las personas que viven como pobres porque de ellas es el reino de los cielos;
Dichosas las personas que sufren,
porque ellas heredarán la Tierra;
Dichosas las personas que ahora lloran,
porque tendrán consuelo;
Dichosas las personas que tienen hambre y sed de justicia, porque tendrán más de lo que piden;
Dichosas las personas que tienen misericordia,
porque también la tendrán;
Dichosas las personas que tienen un corazón limpio, porque verán a Dios;
Dichosas las personas que trabajan para que en el mundo haya justicia, porque suyo es el reino de los cielos;
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, por mí. Estad alegres y contentos, porque vuestro premio será grande en el cielo.