Lectura del santo Evangelio según San Juan (20, 1-9)
El primer día de la semana, todavía de noche, María Magdalena fue al sepulcro, y vio que la piedra que tapaba la entrada estaba quitada.
Y fue corriendo a la casa donde estaba Pedro con Juan, y les dijo:
-El cuerpo del Señor ha desaparecido del sepulcro y no sabemos dónde está. Pedro y Juan fueron al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero Juan era más joven y corría más y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró. Un poco más tarde llegó también Pedro y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo.
Después entró también Juan y vio y creyó.
Hasta ese momento no habían entendido la Escritura: que Jesús resucitaría de entre los muertos.
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Queridos Hermanos
Hoy, con el domingo de Ramos, empezamos la Semana Santa, recordando y celebrando la entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un burro y aclamado por muchas personas, las mismas que luego le llevaron a la cruz.
Pidamos al Señor en esta Eucaristía que nos ayude a llenarnos delo verdadero sentido de los misterios que vamos a celebrar en estos días para poder celebrar con verdadera alegría el domingo que viene, la gran fiesta de la Pascua. |
Domingo de Ramos
MISA DE LA VISPERA:
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Jesús y sus discípulos estaban en el monte de los Olivos, cerca de Jerusalén. Y Jesús dijo a los discípulos:
-«Id al pueblo que está cerca y encontraréis en un burro atado. Traedlo. Si alguna persona os dice algo os dice algo,
contestadle que el Señor lo necesita y lo devolverá pronto.»
Los discípulos fueron y trajeron el burro echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud echó sus mantos por el camino
y lagunas personas cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino. Y la gente gritaba diciendo:
-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»
Al entrar en Jerusalén, la gente quería saber quién era ese hombre:
Y las personas que iban con Jesús decían:
-«Es Jesús, el Profeta de Nazaret.»
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Bienvenidos a la Eucaristía de este quinto domingo de Cuaresma. Hoy la lectura del Evangelio nos ofrece el don de la misericordia y la salvación que viene del señor. Si recuerdas los pecados, Señor nadie podrá salvarse. Pero de ti viene el perdón. Y también mi alma espera en el Señor confía en su palabra. Si Cristo esta en nosotros, ¿quien podrá estar contra nosotros? |
Domingo V de Cuaresma A
Lectura del santo Evangelio según San Juan
En aquel tiempo un hombre llamado Lázaro hermano de María y de Marta, estaba enfermo.
Y las hermanas de Lázaro mandaron un aviso a Jesús para decirle: -Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo: -Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, todavía se quedó dos días en donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: -Vamos otra vez a Judea.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, fue a su encuentro, y María se quedó en casa.
Y dijo Marta a Jesús: -Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo: -Tu hermano resucitará.
Marta respondió: -Sé que resucitará en el último día.
Jesús le dice: -Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó: -Sí, Señor: yo creo que tú eres el Enviado, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Jesús, viendo llorar a Marta y a los judíos que estaban con ella, se emocionó y preguntó: -¿Dónde lo habéis enterrado?
Le contestaron: -Señor, ven a verlo.
Jesús lloró también y Los judíos se dieron cuenta de que Jesús quería mucho a Lázaro.
Pero algunos dijeron: -Este hombre que curo a un ciego, también podía haber curado a su amigo antes de morir.
Jesús, llorando, llegó a la tumba, que estaba cerrada con una piedra grande.
Dijo Jesús: -Quitad la piedra.
Marta le dijo a Jesús: -Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.
Jesús le dijo: -Ya te he dicho que si crees podrás ver la gloria de Dios.
Entonces quitaron la losa.
Jesús, mirando al cielo, dijo: -Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado.
Después, con una voz muy fuerte, dijo: -Lázaro, ¡ven!.
El muerto salió, con los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: -Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, creyeron en Jesús al ver las cosas que había hecho.
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Queridos amigos, bienvenidos a esta Eucaristía del IV domingo de Cuaresma.
Hoy Jesús nos hace una llamada a cada uno de nosotros a confiar en lo que Él nos dice, como hizo el ciego del Evangelio, para ver la Luz que hay en las cosas y en los demás; esa luz que es el mismo Jesús. Si confiamos en Él nuestra vida cambiará; puede que no de golpe, pero sí cambiará, y los demás lo notarán, porque transmitiremos Luz, alegría: daremos a conocer a Cristo. |
Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo en Sevilla 3 de abril de 2011
Eucaristía: Homilia de P. Alfonso Muruve en Parroquia de San Felipe Neri de Sevilla
Domingo IV de Cuaresma A
Lectura del santo Evangelio según San Juan
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: -Ve a lavarte a la piscina. El hombre ciego fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes lo veían pedir limosna decían: - Este hombre es el que se sentaba a pedir. Unos decían: - Es el mismo. Otros decían: - No es él, pero se le parece. Y el hombre respondía: - Soy yo. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. El les contestó: - Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos decían: -Este hombre no ama a Dios, porque no respeta el descanso del sábado. Otros decían: - Este hombre es un pecador, ¿Cómo puede hacer estos milagros?. Y estaban divididos. Y otra vez preguntaron al ciego: - El hombre que te ha curado, ¿le conoces, sabes quién es? El contestó: - es un profeta. Le contestaron: - Eres un pecador y no puedes enseñarnos nada. Y luego lo expulsaron. Jesús se enteró que lo habían expulsado, lo encontró en la calle y le dijo: - ¿Tu crees en el Hijo del hombre? El contestó: - Señor, dime quien es para poder creer en él. Jesús le dijo: - Tu lo estás viendo. Yo soy. El hombre le respondió: - Creo, Señor. Y de rodillas lo adoró.