Domingo XXIII del T.O.
DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO C
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, mucha gente seguía a Jesús y Él les dijo:
-Si alguna persona quiere venir conmigo y piensa que su padre, su madre, su mujer y sus hijos, sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, son más importantes que yo, no puede ser discípulo mío.
La persona que no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Si queréis construir una torre, primero debéis pensar en los gastos para ver si podéis acabar esa torre. Porque si empezáis a construir la torre y no podéis acabarla, la gente se burlará de vosotros.
Pensad también en un rey que quiere hacer la guerra a otro rey. Antes de hacer la guerra debe pensar si con 10.000 soldados puede vencer al otro rey que tiene 20.000 soldados. Y si ve que no va a poder, antes de empezar la guerra hace un acuerdo de paz con el otro rey.
Lo mismo vosotros: si no dejáis todas vuestras cosas y vuestras riquezas no podéis ser discípulos míos.
Palabra del Señor
Domingo XXIV del T.O.
DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO C
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
-Este hombre habla con los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
-Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, lo normal es que deje las noventa y nueve en el campo y vaya a buscar la oveja que ha perdido. Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:
-¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.
Por eso, también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve buenos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que encuentra la moneda Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles:
-¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
Palabra del Señor
Domingo XXV del T.O.
DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO C
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Un hombre rico tenía un administrador y se enteró de que gastaba muy mal su dinero.
El hombre rico llamó al administrador y le dijo:
Me dicen cosas malas de ti. Dame el balance de tu gestión, porque estás despedido.
El administrador empezó a pensar:
-Ahora mi amo me quita el trabajo. ¿Qué voy a hacer?. Para trabajar en el campo no tengo fuerzas; vivir como un mendigo en la calle, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de mi trabajo, encuentre otra persona que me de otro trabajo.
Y fue llamando uno a uno a las personas que debían algo, y dijo al primero:
-¿Cuánto debes a mi amo?
Este respondió: -Le debo cien barriles de aceite.
Él le dijo: -Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro: -Y tú, ¿cuánto debes?
El contestó: -Cien sacos de trigo.
Le dijo: -Aquí está tu recibo: escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador malo, por su astucia.
Ciertamente, los hijos de este mundo son más listos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en el cielo.
Palabra del Señor
Domingo XXVI del T.O.
DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO C
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-Había un hombre rico que se vestía con lujo y cada día celebraba un banquete.
Y había, también, un pobre llamado Lázaro que estaba sentado a la puerta de la casa del hombre rico esperando para comer las cosas que sobraban del banquete del rico, pero nadie se lo daba. Y los perros se acercaban a él a lamerle las llagas.
Un día se murió el hombre pobre y los ángeles lo llevaron al cielo.
Después murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, miró al cielo y vio de lejos a Abrahán y a Lázaro y gritó:
-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro con un poco de agua para refrescarme, porque me torturan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó: -Hijo, recuerda que cuando vivías ya tuviste mucha riqueza y Lázaro nada: por eso aquí tiene consuelo, mientras que tú padeces.
Además desde aquí hasta donde tú estás no se puede ir, ni tampoco se puede venir.
El rico dijo: -Por favor, padre Abrahán, manda a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, cuando le vean, se pueda evitar que vengan también ellos aquí.
Abrahán le dice: -Ya tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen a ellos.
El rico contestó: -No, padre Abrahán. Porque, si un muerto va a verlos, se arrepentirán.
Abrahán le dijo: -Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque un muerto resucite.
Palabra del Señor